29 oct. 2011

El anónimo presente | Alfredo Jocelyn-Holt

Alphonse de Lamartine, en su extraordinaria Historia de los girondinos, lectura obligada en estos tiempos turbulentos, cifra su atención en una figura que normalmente pasa inadvertida para ojos avezados de periodistas, historiadores, incluso agentes de seguridad. Me refiero a ese personaje oscuro o simplemente gris en que nadie se fija y, de llegar a repararse en él, pasa igual de desapercibido, tan anónima e insignificante es su presencia.

No se le podrá anticipar, pero es capaz a veces de cambiar el mundo. Lo fascinante, en retrospectiva, es que el sujeto está ya ahí. El mismo se sabe ahí, se sabe desconocido, ignorado. Espera. Se reconoce potente, capaz de grandes cosas, aunque no le haya llegado todavía su hora. Lamartine lo dice mejor: "Como el alma humana, cuyo asiento en el cuerpo humano ignoran los filósofos, el pensamiento de todo un pueblo reside algunas veces en el individuo más ignorado de una inmensa multitud. No se puede despreciar a nadie, porque el dedo del Destino se marca en el alma y no en la frente". Comentario que sirve de preámbulo para introducirnos a Robespierre, alguien que por origen, trayectoria o aspecto nadie en su momento podría haber previsto lo que terminó siendo.

27 oct. 2011

Bello encapuchado | Cristián Warnken

Ver a Andrés Bello encapuchado en el frontis de la Universidad de Chile me hizo sentir el grado de abandono en que está sumida la institución más emblemática y fundante de la República.

Pero la universidad que ha sido el faro cultural del país desde sus orígenes no sólo está siendo maltratada por los encapuchados que parecen querer sustituir la idea de universidad pública por la de universidad popular, de dudoso origen y finalidad. Lo más grave de todo es que quien tiene que cuidar y velar por el desarrollo y crecimiento de esa universidad y de las otras universidades públicas, el patrono de la Universidad de Chile, que es el Presidente de la República, no haya demostrado en los hechos un genuino afecto y compromiso con el alma mater de Chile. Digámoslo con todas sus letras: el Presidente de la República no parece sentir ni saber lo fundamental que ha sido esa universidad en la construcción de Chile. Porque si de verdad él supiera y sintiera lo que ha sido la Universidad de Chile para Chile, eso se vería reflejado en el presupuesto de la Nación y en gestos simbólicos potentes, tan necesarios en momentos de crisis de las instituciones como éste.

25 oct. 2011

¡Republicanos! | Juan Guillermo Tejeda

A los republicanos, cuando nos enfrentábamos a la dictadura nos llamaban comunistas, y ahora que nos enfrentamos a la turba, nos ponen junto a los derechistas. Ni una cosa ni otra, porque la realidad política no es tanto una línea con dos extremos que serían la izquierda y la derecha, sino más bien un triángulo. Todos somos en mayor o menor grado liberales, comunitaristas y republicanos.

Guido Girardi, como Presidente del Senado, faltó a sus obligaciones republicanas al permitir que un grupo de personas sometiera a presiones físicas a un ministro de Estado, y al dar por bueno que esos vociferantes bailaran arriba de una mesa donde se discutía el Presupuesto de la nación. Más allá del hecho, están los símbolos. Tampoco estuvieron a la altura el ministro, que se escurrió, ni los parlamentarios, que pasmados o pensando en su reelección optaron por jugar al museo de cera. En un Estado republicano de derecho, los carabineros no son una fuerza de ocupación. Ellos y los militares están sometidos a reglamentos, y detentan el monopolio jurídico de la violencia.

13 oct. 2011

Diálogo con Slavoj Zizek y Peter Sloterdijk: La quiebra de la civilización occidental | Nicolas Truong

Occidente vive una crisis del porvenir: las nuevas generaciones ya no creen que vivirán mejor que las anteriores. Una crisis de sentido, de orientación y de significación. Occidente sabe más o menos de dónde viene pero le da trabajo saber adónde va. Ciertamente, como decía el poeta francés René Char, “nuestra herencia no es precedida por ningún testamento” y a cada generación le corresponde dibujar su horizonte. Nuestros tormentos, sin embargo, no son infundados. El sentido de lo común se fragmentó. Con el “cada uno en lo suyo”, el sentimiento de pertenencia a un proyecto que trascienda las individualidades se evaporó. El derrumbe del colectivismo –tanto nacionalista como comunista– y del progresismo económico dio lugar al imperio del “yo”. El sentido del “nosotros” se dispersó.

La idea de partición, de bien común y de comunidad parece volar en pedazos. Sin embargo, son muchos todavía los que no desean confiar la idea de comunidad a los comunitarismos que acosan a un planeta desgarrado. Entre ellos se cuentan Peter Sloterdijk y Slavoj Zizek, filósofos europeos, que aceptaron debatir públicamente por primera vez sobre estos temas.

9 oct. 2011

Historia conceptual: una nueva mirada al pasado | Entrevista a Javier Fernández Sebastián (Daniel Swinburn)

¿Qué es la historia conceptual? Podría definirse como una historia de las palabras claves que ayudan al historiador a construir su relato de hechos. Las palabras, al igual que las sociedades, también cambian y enfrentan transformaciones que a veces las tornan irreconocibles para una misma generación de ciudadanos en el transcurso de una vida. Los historiadores a veces tienden a dar por supuesto que conceptos claves de sus relatos tienen un significado actual similar al que tenían dos siglos atrás, lo que provoca claramente un uso anacrónico de éstos. La historia política del siglo XIX y sus cultores más modernos en Europa dieron la alarma en este sentido. No se pueden usar palabras como democracia, libertad, estado, economía, nación, progreso, propiedad, memoria, identidad y un largo etcétera, sin estudiar su profunda transformación semántica, producida especialmente entre 1750 y 1850. Este trabajo de resignificación ha dado origen a una nueva sensibilidad historiográfica que se ha traducido ya en publicaciones relevantes que en el mediano plazo debieran provocar un cambio en prácticas y métodos para mirar el pasado, especialmente en Latinoamérica.

La ilusión socialdemócrata | Immanuel Wallerstein

La socialdemocracia tuvo su apogeo entre 1945 y finales de los años ’60. Representaba, al mismo tiempo, una ideología y un movimiento que apostaban por el uso de recursos estatales para garantizar algún tipo de redistribución a la mayoría de la población a través de formas concretas: expansión de subvenciones a la educación y la salud; ingresos asegurados de por vida mediante programas para cubrir las necesidades de grupos de “trabajadores sin sueldo”, particularmente niños y ancianos; y programas para minimizar el desempleo. La socialdemocracia prometió un futuro (todavía) mejor para las futuras generaciones gracias a una especie de ascenso permanente de los niveles de ingresos nacionales y familiares. Esto es lo que ha definido al welfare state (estado de bienestar). Fue, en definitiva, una ideología que reflejó la idea de que el capitalismo podía ser “reformado” y tener un rostro más humano.

Los socialdemócratas se hicieron fuertes principalmente en Europa occidental, Gran Bretaña, Australia y Nueva Zelanda, pero también en Canadá y Estados Unidos (donde fueron conocidos como los demócratas del New Deal). Es decir, en los países ricos del sistema-mundo, aquellos que constituyeron lo que podría ser llamado el mundo paneuropeo. Los socialdemócratas fueron tan exitosos que sus oponentes de centroderecha también apoyaron el concepto de estado de bienestar, tratando meramente de reducir sus costos y alcances. En el resto del mundo, los Estados trataron de subirse al carro de la victoria mediante proyectos de “desarrollo” nacional.

Torretti, Cordua | Joaquín Trujillo

La primera lectura filosófica de Roberto Torretti fue un segundo tomo de La decadencia de occidente de Spengler, que había en su casa. Tenía entonces 15 años. Antes, a los 3, había aprendido a leer por sí solo. Mientras, en el fundo de su padre ubicado en el Valle de Aconcagua, una niña, Carla Cordua, devoraba novelas de vaqueros, esas aventuras de los huasos del Lejano Oeste, y leía periódicos de punta a cabo.

Carla Cordua estudió filosofía en el antiguo Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, hasta donde llegó Torretti, quien por esos tiempos cursaba tercer año de Derecho en la misma casa de estudios. Juan Gómez Millas había rescatado a Erwin Rüsch de los cerros de Valparaíso donde estaba cercado por una colonia alemana hostil y al profesor polaco Bogumil Jasinowski, sabios europeos que se quedaron a enseñar en Chile y a través de quienes Torretti y Cordua  pudieron ponerse en contacto con la alta cultura europea viva. Estos casos en la historia de Chile no han sido pocos, tampoco abundantes. Ocurrió, por ejemplo, a mediados del siglo XIX con Louis Antoine Vendel-Heyl -cercano a Saint-Simon-, quien habiendo naufragado en las costas de Chile, fue arrastrado a Santiago, por el informado Andrés Bello, lugar donde unos alumnos miserables del Instituto Nacional, los hermanos Amunátegui, pudieron nutrirse de sus conocimientos grecolatinos hasta el hartazgo.