3 dic. 2011

Los versos de los poetas no son poesía | Rafael Gumucio

Defensor de la claridad y el humor frente a la trascendencia engolada de gran parte de la lírica, Nicanor Parra acaba de publicar, a los 94 años, el primer tomo de sus obras completas. Allí se puede rastrear la prehistoria del gran maestro de la antipoesía, un autor irreductible que, más que en los libros, ha encontrado lo poético en las canciones, los telegramas, los chistes y los periódicos.

Nicanor Parra, después de resistirse toda una vida, ha decidido a los 94 años dejar que publiquen sus obras completas. El primer tomo de ella circula ya en librerías, convertido en Chile en un best seller en que ejércitos de adolescentes y no tantos gastan sus últimos ahorros. El antipoeta le ha agregado al título de sus obras completas un "algo más" que lo refleja por entero. Lo incompleto es la base misma del credo poético de Nicanor Parra. Para éste siempre hay algo más, que él llama "las variables ocultas", es decir, la X y la Y, que una y otra vez están dispuestas a sabotear por entero las ecuaciones con que queremos comprender el mundo.

El aire del poeta | Leila Guerrero

Es un hombre, pero podría ser otra cosa: una catástrofe, un rugido, el viento. Sentado en una butaca baja cubierta por una manta de lana, viste camisa de jean, un suéter beis que tiene varios agujeros, un pantalón de corderoy. A su espalda, una puerta vidriada separa la sala de un balcón en el que se ven dos sillas y, más allá, un terreno cubierto por arbustos. Después, el océano Pacífico, las olas que muerden rocas como corazones negros.

-Adelante, adelante.

Es un hombre, pero podría ser un dragón, el estertor de un volcán, la rigidez que antecede a un terremoto.

-Adelante, adelante.

Llegar a la casa de la calle Lincoln, en el pueblo costero de Las Cruces a 200 kilómetros de Santiago de Chile, donde vive Nicanor Parra, es fácil. Lo difícil es llegar a él.

***

El Cervantes vindica el humor antipoético | Carlos Franz

Hará unos diez años me llamó Parra por teléfono, desde Las Cruces, su refugio en la costa central de Chile. Me habló con esa voz alargada suya, donde siempre acecha una ironía. «Habrás notaaaaado que yo soy el único poeta chileno sin seudónimo», me dijo (aludiendo a Neruda, a Mistral, a De Rokha, y hasta a Vicente Huidobro, cuyo nombre no era exactamente ese). «Lo que paaaasa», continuó, «es que un antipoeta no puede inventarse un seudónimo. Necesita encontrar un nombre real que esté vacante, para ocupaaaaaarlo. ¿Me entiendes? ¡Y por fin lo encontré! De ahora en adelante mi seudónimo será... Neftalí Reyes». Y Parra se quedó callado, al otro lado de la línea, acechando mi reacción. Porque «Neftalí Reyes» fue el sonoro nombre verdadero que Neruda inexplicablemente abandonó cuando decidió ponerse un nombre de pluma. ¡Sólo a Nicanor se le podía ocurrir «ocuparlo»! Paladeado mi asombro, Parra agregó: «Mi próximo libro lo firmaré como Neftalí Reyes. Y abajo, entre paréntesis y tarjado, dirá: ex Nicanor Parra».

Don Nica Cervantino | Julio Ortega

Ahora que escasea la otra, la que nos queda es la justicia poética. El premio Cervantes a Nicanor Parra es una larga reparación. Lo celebramos con alborozo sus lectores fieles (¿hay otros?), descorchando una botella, con la sonrisa fija del antipoema. Hoy Cervantes viste hoja de parra.

Pocos más cervantinos que Don Nica. Descubrió la poesía en el lenguaje de las matemáticas, como el otro en el de las caballerías. De esos modelos solventes del mundo, uno y otro derivan la ironía, el relativismo y el sinsentido común. Por ello, una pasión los distingue: la crítica del lenguaje, no sólo del habla autoritaria y del habla profusa , sino del idioma mismo, este español que ambos han confrontado para liberarlo de sus oropeles y devolverlo a la calle.

En una "Advertencia al lector," Parra se reclamó como eslabón perdido de la tribu del Tractatus Logico-Philosophicus de Wittgenstein, a quien había leído y conocido en la época en que escribía sus Antipoemas poemas en Inglaterra. En esa antipoética declara: "Me vanaglorio de mis limitaciones," haciendo eco al famoso principio wittgenstiano que dice, con entusiasmo, "Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo." De inmediato, Parra corrige: "Pongo por las nubes mis creaciones." Con lo cual reescribe al filósofo millonario y suicida al introducir el principio de la contradicción como la nueva lógica del discurso. Parra cita también al Círculo de Viena, el grupo de filósofos y matemáticos que en los años 20 había iniciado el positivismo lógico. La noción antimetafísica de una filosofía analítica y crítica atrajo a Parra, estudiante de física en las universidades de Brown y de Oxford a comienzos de los años 40. Don Nica ha ido siempre armado de una libretita y un lápiz, escudo y lanza de un Qujiote escrito por Sancho.

La moda de las listas | Álvaro Matus

Desde la famosa lista de 1983 elaborada por la revista Granta sobre "los mejores novelistas jóvenes británicos", aquella en la que figuraban Ishiguro, Amis y McEwan, la idea de armar nóminas con los escritores más prometedores se ha convertido en una moda insufrible.

Como si no bastaran Herta Müller, Vargas Llosa y James Ellroy para animar una gran fiesta literaria, a los organizadores de la Feria del Libro de Guadalajara se les ocurrió elegir a "los 25 secretos literarios de América Latina". No hay ningún escritor que se repita respecto de Bogotá 39, que el 2007 agrupó a 39 narradores menores de 40 años, ni tampoco que hayan figurado en la nómina de Granta del año pasado, la cual reunía a los "22 mejores autores en español menores de 35 años". Esto no significa, por cierto, que quienes hayan aparecido en las nóminas anteriores hayan dejado de ser escritores más o menos secretos, pues la verdad es que la circulación de sus libros se limita en casi todos los casos a su país de origen. Por último, al comparar las selecciones de Granta y Bogotá se aprecian sólo tres coincidencias, lo cual nos permite concluir, si sumamos los tres listados, que en apenas cuatro años han aparecido 83 narradores sobresalientes en nuestro idioma. ¿Se puede creer tanta maravilla?

1 dic. 2011

El nuevo mundo textual | Entrevista a Roger Chartier por Silvina Friera (Página/12)

Lo imprevisible es patrimonio exclusivo de los suburbios. “Si hubiera aprendido español en Buenos Aires, pronunciaría mucho más fuerte el yo”, dice Roger Chartier adelantando los labios en cámara lenta, como si intentara besar al aire. El historiador francés estudió la secundaria en el instituto Ampère de Lyon. No era una escuela de las más prestigiosas, esas que enseñaban a los jóvenes franceses que nacieron en cuna de oro las entonces “lenguas nobles”, el inglés y alemán. Al adolescente que fue le tocó pulsear con el español. Con los párpados entornados, como si buscara calibrar las luces y sombras de esa experiencia, cuenta que tuvo excelentes profesores que muy temprano lo vacunaron con fragmentos del Quijote. Los vericuetos de su formación historiográfica en la llamada escuela de los Annales de los años ’70 y los laberintos del mundo académico –que lo llevaron a interesarse en la historia del libro, en la relación entre los textos y los lectores– hundieron al idioma de Cervantes en el olvido. Recién a fines de los ’80 y principios de los ’90, una seguidilla de invitaciones y charlas, en España y en la Argentina, lo obligaron a entrenar nuevamente ese músculo fatigado de la lengua española, que ahora luce en forma

‹‹El desencanto no es una razón para no querer cambiar el mundo›› | Entrevista a Claudio Magris por Carlos Aguilera (ABC)

Encuentro a Claudio Magris en la universidad y nos vamos al San Marcos, el café donde comienza precisamente uno de sus mejores libros: «Microcosmos». Allí, il professore, como todos le llaman en Trieste, tiene reservada una mesa que se conserva invariablemente vacía hasta que éste, a cualquier hora del día, llega, se sienta y trabaja. Los camareros lo saludan y le traen aceitunas, café, pan. Él devuelve el saludo y me invita. Por cada pregunta que hago, Magris estira la mano y coge una aceituna. Una pregunta, una aceituna, me dice. Las aceitunas son como la vida, vuelve a decirme: si las exprimes mucho, se secan. Y sonríe.

Entre Oriente y Occidente. Entrevista a Orhan Pamuk | Rosa Montero (El País)

He aquí un hombre que recibió el Nobel de Literatura: en primer lugar porque es un escritor original y poderoso, pero además porque, como figura progresista y lúcido eslabón entre Oriente y Occidente, cumplía a la perfección el perfil político de un galardón cada día más descaradamente politizado. He aquí también una persona con un inusitado afán controlador; los primeros cinco minutos, nada más encontrarnos, me somete a un férreo y minucioso interrogatorio: ¿No viene un fotógrafo con usted? ¿Entonces qué fotos van a utilizar? ¿Dónde va a salir la entrevista? ¿Cuántas páginas ocupará? ¿El suplemento de El País tiene formato de revista o de periódico? ¿Va a ser una entrevista o un perfil? ¿Será todo pregunta y respuesta, o habrá textos escritos por usted? ¿Sólo un texto al principio, o también observaciones intercaladas entre las preguntas? En más de treinta años de profesión nunca me había encontrado un entrevistado tan necesitado de saberlo todo.

Canonizador | Entrevista a Harold Bloom por Winston Manrique Sabogal (El País)

Hay que mantener a raya la muerte de la imaginación!", pide Harold Bloom, que calla y cierra los ojos el tiempo suficiente para parecer un busto de mármol blanco de algún sabio griego de cabellos revueltos.

La frase suspendida recobra vida con voz grave y cansada: "Una de lasmaneras es que el crítico se acerque a un libro a través de la confrontación con las cosas directamente.

Debe ver lo bueno que es el autor. Y no hablo de los escritores menores sino de los grandes, comoDante, Shakespeare y Cervantes. Saber de qué están históricamente envueltos, cuál es el proceso; pero tiene que sentarse en el mismo sitio del escritor para conocerlo, y cuando lo lea debe leerlo como a un amigo cercano…". Y Bloom vuelve a suspender la idea un instante hasta encontrar las palabras: "Esa literatura, la canónica, que parece agonizar, es fundamental conocerla si queremos aprender a oír, a ver, a pensar… A sentir...".

Javier Pradera | Alfredo Jocelyn-Holt

No son tiempos para intelectuales estos que vivimos. Según Edward W. Said, lo peor que le puede pasar a un intelectual es que se "profesionalice", sienta que lo suyo es un trabajo con horario, se vuelva remilgado, no mueva el bote, evite la controversia, lo político (a no ser lo políticamente correcto), se las dé de "objetivo", le haga el juego al poder, piense que escribe para un "cliente", y jamás arriesgue el pellejo (tiene familia y es normal, sufre sus miedos). Un auténtico intelectual, afirma Said, debe ser un "amateur", otros han dicho un "diletante" (no peyorativamente), alguien que cultiva un saber como aficionado, con esmero y afecto, no como profesional o "académico" (en el apolillado sentido de especialista o erudito latero).

Mejor el camino que la posada | Carlos García Gual

Adiós a la Universidad. El eclipse de las Humanidades. Jordi Llovet, Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, Barcelona, 2011.

Leí este libro de Llovet hace unos meses, en su versión catalana, de un tirón, y me alegra ver que ahora aparece en castellano, ya con éxito merecido y muchos lectores. Escrito como confesión personal, con inteligencia y apasionamiento, como conviene al tema y a su autor, Adiós a la Universidad no es la queja de un "intelectual melancólico", o, si lo fuera, es también, desde luego, mucho más. Es un juicio experto, actualizado, meditado y crítico, sobre la deriva de esa vieja institución europea, nacida en la Edad Media y reconstruida en la época de la Ilustración sobre las pautas de un ideal laico, humanista y científico. Como indica su título, el libro justifica una despedida personal, algo prematura, de las aulas universitarias (de la Universidad de Barcelona), pero es, a la vez, una consideración, que no creo intempestiva, sobre la degradación universitaria -con un enfoque que afecta, sobre todo, a las llamadas Humanidades, o, más vulgarmente, estudios de Letras-.

Literatura y Política | Entrevista a Juan Goytisolo

Frente al casticismo hispanista el escritor Juan Goytisolo reivindica los intercambios culturales entre las literaturas del mundo ibérico y árabe, apuntando que el silenciamiento de esa tradición se relaciona con la conflictiva historia de españoles y moriscos. Revisita la experiencia traumática de la guerra civil española y los reacomodos políticos y éticos de la Transición española. Más adelante profundiza en el fenómeno de la disidencia, tanto en referencia al heterodoxo español José María Blanco White como a la censura comercial del mercado editorial actual. La entrevista concluye con una reflexión sobre la indeferencia de Europa frente a los conflictos políticos, sociales y culturales que acontecen en el Viejo Mundo y el Medio Oriente.

La educación según Lampedusa | Álvaro Matus

Es impresionante la vigencia de Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957), ese aristócrata venido a menos que en los últimos tres años de su vida escribió El gatopardo, para muchos la mejor novela política de todos los tiempos. Fue una especie de testamento, pues se publicó cuando ya había muerto y porque además contiene las claves de su propia existencia. La noción de que "todo debe cambiar para que todo siga igual", que planea por cada página del libro, se proyecta hasta nuestros días y ayuda a entender la desconfianza de los universitarios movilizados y de la ciudadanía en general, que ve en los políticos nada más que a guardianes del statu quo.

En sus maravillosas Notas sobre literatura inglesa, recién publicadas por Ediciones UDP,  el príncipe de Lampedusa emerge también como un profesor culto, divertido, exigente y, lo más valioso, capaz de transmitir el entusiasmo que le provocaron Chesterton, Dickens o Swift. Afirma que si Graham Greene fuera Papa "todos seríamos católicos"; y a Joyce lo compara con un enorme y sabroso salmón que "con las aletas y con la cola luchó durante años contra la secular corriente, suscitó en torno suyo bellísimos rocíos iridiscentes y manchas de fango, y fue excesivo aunque no cambió de rumbo. Gran artista y noble figura".

Entrevista al historiador Hugh Thomas | Héctor González (Milenio)

A finales de la década de 1980, Hugh Thomas (1931) vivía en el Distrito Federal; para mayores referencias en la calle de Madero. Eran días convulsos para un país sacudido por la enésima crisis económica y todavía afectado por el sismo del 85; el escenario político no era ajeno a esta época de turbulencia. Aun así, la memoria del historiador parece tener otro referente: "Mis años en México fueron paradisiacos. Son impactantes sus estructuras coloniales y es increíble la sencillez de la gente".

México es un terreno bien conocido y estudiado por el historiador. Su primera visita fue en 1963, mientras preparaba la segunda edición de La Guerra Civil española, obra que pudo aparecer en el país ibérico hasta después de la muerte de Francisco Franco. Su relación con España tiene también una amplia estela de tiempo y conocimiento que le da la autoridad moral como para hacer un diagnóstico: “Para que cicatrice la herida de la Guerra Civil, los españoles necesitan algún monumento memorial, así comos los judíos lo han hecho para las víctimas del nazismo. Supongo que eso llegará en algún momento, aunque también debo reconocer que las nuevas generaciones piensan cada vez menos en aquella época”.

30 nov. 2011

El Estado impone su propia épica | Luis Alberto Romero

Un reciente decreto creó el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego. De sus fundamentos se deduce que el Estado argentino se propone reemplazar la ciencia histórica por la epopeya y el mito.

El mito y la epopeya están en la prehistoria del saber histórico. Los mitos explicaban el misterio y el papel de lo divino; los relatos épicos exaltaban la acción de los héroes, entre divinos y humanos. La historia se ocupó, simplemente, de los hombres, y trató de entenderlos basándose en el razonamiento y la comprobación. En la Antigua Grecia, Herodoto y Tucídides fundaron la historia como ciencia y dejaron en el camino mitos y héroes. A mediados del siglo XIX, Wagner recurrió al mito y a la épica, pero sus óperas se representaban en los teatros; en las universidades estaban los historiadores tan notables como Mommsen.

La democracia como construcción | Entrevista a Guillermo O’Donnell por Fernando Bruno (Revista Ñ)

Guillermo O’Donnell se ha dedicado durante muchos años a estudiar temas vinculados al Estado y la democracia. Desde sus primeras investigaciones sobre el Estado burocrático-autoritario ha desarrollado diferentes conceptos teóricos que le han valido un gran reconocimiento de la comunidad académica local e internacional. Su nuevo libro Democracia, agencia y Estado. Teoría con intención comparativa recoge el trabajo intelectual de más de una década y se propone realizar “una crítica democrática a las democracias”, señalando fortalezas y debilidades con el propósito de aportar elementos que sirvan para la construcción de mejores prácticas institucionales. La motivación de este proyecto surge, según menciona el propio autor, de la constatación de que todavía se está lejos de una implantación plena de la ciudadanía en todas las sociedades contemporáneas.

El texto se sostiene sobre dos pilares fundamentales: por un lado, la idea de que el ciudadano, en tanto portador de derechos y obligaciones, debe ocupar en democracia un rol protagónico en la escena social y política; por el otro, la defensa del carácter abierto de la democracia y de las permanentes tensiones y disputas políticas inherentes a la delimitación de aquellos derechos y obligaciones. 

8 nov. 2011

Movimiento estudiantil y crisis de representación | Entrevista a Gabriel Salazar

Gabriel Salazar, historiador, profesor de la Universidad de Chile y Premio Nacional de Historia, es entrevistado por primera vez en la televisión abierta en un horario prime. En esta ocasión revisita los conflictos sociales y políticos de la historia de Chile y su relación con el actual movimiento estudiantil que tras seis meses de movilizaciones ha puesto en evidencia la crisis de representatividad de la democracia chilena.



1 nov. 2011

La Democracia es el enemigo | Slavoj Zizek

Las protestas en Wall Street y en la Catedral de Saint Paul se parecen, escribió Anne Applebaum  en el Washington Post, "en su falta de concentración, en su carácter incipiente y, sobre todo, en su negativa a vincularse con las instituciones democráticas existentes". 

"A diferencia de los egipcios en la Plaza Tahrir", ella continúa, "con quienes los manifestantes de Londres y Nueva York se comparan abiertamente (y ridículamente), tenemos instituciones democráticas".

La lucha por la “democracia real” en el corazón de Occupy Wall Street | Michael Hardt & Antonio Negri

Las manifestaciones bajo la bandera de Occupy Wall Street hacen eco en tanta gente, no sólo porque dan voz a un sentimiento generalizado de injusticia económica, sino también, y quizás más importantemente aún, porque expresan descontentos y aspiraciones políticas. Al extenderse las protestas desde el Bajo Manhattan hasta ciudades y pueblos de todo el país, éstas han dejado en claro que la indignación contra la avaricia corporativa y la desigualdad económica es real y profunda. Pero, al menos igualmente importante es la protesta contra la falta—o el fracaso—de la representación política. No es tanto una cuestión de si tal o cual político o tal o cual partido es ineficaz o corrupto (aunque eso también es cierto) sino de si el sistema de representación política en general resulta ya insuficiente. Este movimiento de protesta podría, y quizás debe, transformarse en un verdadero proceso constituyente democrático.

El fantástico éxito de ‹‹Occupy Wall Street›› | Immanuel Wallerstein

El movimiento Ocupa Wall Street —hasta ahora es un movimiento— es el acontecimiento político más importante ocurrido en Estados Unidos desde las revueltas de 1968; es descendiente directo o continuador de esas revueltas.
  
Por qué empezó en Estados Unidos en el momento que empezó —y no tres días, tres meses, tres años antes o después— nunca lo sabremos a ciencia cierta. Las condiciones estaban ahí: crecientes penurias económicas no sólo para los verdaderamente asolados por la pobreza sino también para un segmento cada vez mayor de trabajadores pobres (alguna vez conocidos como “clase media”); exageraciones increíbles (explotación y codicia) del 1% más rico de la población estadounidense (“Wall Street”); y el ejemplo de furibundas manifestaciones alrededor del mundo (la “Primavera Árabe”, los indignados españoles, los estudiantes chilenos, los sindicatos de Wisconsin y una larga lista de otros). No importa realmente cuál fue la chispa que inició el fuego, sino que ha comenzado.

Islandia, el camino que no tomamos | Paul Krugman

Los mercados financieros están celebrando el pacto alcanzado en Bruselas a primera hora del jueves. De hecho, en relación con lo que podría haber sucedido (un amargo fracaso para ponerse de acuerdo), que los dirigentes europeos se hayan puesto de acuerdo en algo, por imprecisos que sean los detalles y por deficiente que resulte, es un avance positivo.

Pero merece la pena retroceder para contemplar el panorama general, concretamente el lamentable fracaso de una doctrina económica, una doctrina que ha infligido un daño enorme tanto a Europa como a Estados Unidos.

La doctrina en cuestión se resume en la afirmación de que, en el periodo posterior a una crisis financiera, los bancos tienen que ser rescatados, pero los ciudadanos en general deben pagar el precio. De modo que una crisis provocada por la liberalización se convierte en un motivo para desplazarse aún más hacia la derecha; una época de paro masivo, en vez de reanimar los esfuerzos públicos por crear empleo, se convierte en una época de austeridad, en la cual el gasto gubernamental y los programas sociales se recortan drásticamente.

Los saldos del siglo XX que, según el historiador Tony Judt, se resisten al olvido | Pablo Moscoso

Jorge Luis Borges, artífice de innumerables ficciones, dio hace un tiempo casi remoto con el Aleph; aquel misterioso punto perdido en un sótano desde el cual se podían ver, "sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos". Un sueño descabellado, cuya simultaneidad resulta imposible aprender a nuestras mentes temporales. Cierto, otra jugarreta del escritor argentino que, sin embargo, en contadas ocasiones deja la incómoda sensación de ser real.

Justamente, Sobre el olvidado siglo XX (Taurus, 2008), libro del fallecido historiador británico Tony Judt, constituye una especie de Aleph del turbulento siglo que acabamos de abandonar, una visión holista que pretende enseñarnos múltiples perspectivas de un mismo período. Se trata de un compilado de ensayos y reseñas que el autor de Postguerra escribió entre 1994 y 2006 para prestigiosos periódicos, como el The New York Review of Books o The New Republic. Artículos que, junto con reflejar la última década de producción de un intelectual de trayectoria impecable, constituyen un aliciente para criticar e incomodarnos con nuestro presente.

Abordando una variedad de temas y lugares, estos ensayos surgen desde una mirada escéptica, un tono o motivo básico común: "Pienso que, en las décadas venideras, la media generación que transcurre entre la caída del comunismo en 1989-1991 y la catastrófica ocupación estadounidense de Irak nos parecerá un tiempo desperdiciado: una década y media de oportunidades malgastadas e incompetencia política".

29 oct. 2011

El anónimo presente | Alfredo Jocelyn-Holt

Alphonse de Lamartine, en su extraordinaria Historia de los girondinos, lectura obligada en estos tiempos turbulentos, cifra su atención en una figura que normalmente pasa inadvertida para ojos avezados de periodistas, historiadores, incluso agentes de seguridad. Me refiero a ese personaje oscuro o simplemente gris en que nadie se fija y, de llegar a repararse en él, pasa igual de desapercibido, tan anónima e insignificante es su presencia.

No se le podrá anticipar, pero es capaz a veces de cambiar el mundo. Lo fascinante, en retrospectiva, es que el sujeto está ya ahí. El mismo se sabe ahí, se sabe desconocido, ignorado. Espera. Se reconoce potente, capaz de grandes cosas, aunque no le haya llegado todavía su hora. Lamartine lo dice mejor: "Como el alma humana, cuyo asiento en el cuerpo humano ignoran los filósofos, el pensamiento de todo un pueblo reside algunas veces en el individuo más ignorado de una inmensa multitud. No se puede despreciar a nadie, porque el dedo del Destino se marca en el alma y no en la frente". Comentario que sirve de preámbulo para introducirnos a Robespierre, alguien que por origen, trayectoria o aspecto nadie en su momento podría haber previsto lo que terminó siendo.

27 oct. 2011

Bello encapuchado | Cristián Warnken

Ver a Andrés Bello encapuchado en el frontis de la Universidad de Chile me hizo sentir el grado de abandono en que está sumida la institución más emblemática y fundante de la República.

Pero la universidad que ha sido el faro cultural del país desde sus orígenes no sólo está siendo maltratada por los encapuchados que parecen querer sustituir la idea de universidad pública por la de universidad popular, de dudoso origen y finalidad. Lo más grave de todo es que quien tiene que cuidar y velar por el desarrollo y crecimiento de esa universidad y de las otras universidades públicas, el patrono de la Universidad de Chile, que es el Presidente de la República, no haya demostrado en los hechos un genuino afecto y compromiso con el alma mater de Chile. Digámoslo con todas sus letras: el Presidente de la República no parece sentir ni saber lo fundamental que ha sido esa universidad en la construcción de Chile. Porque si de verdad él supiera y sintiera lo que ha sido la Universidad de Chile para Chile, eso se vería reflejado en el presupuesto de la Nación y en gestos simbólicos potentes, tan necesarios en momentos de crisis de las instituciones como éste.

25 oct. 2011

¡Republicanos! | Juan Guillermo Tejeda

A los republicanos, cuando nos enfrentábamos a la dictadura nos llamaban comunistas, y ahora que nos enfrentamos a la turba, nos ponen junto a los derechistas. Ni una cosa ni otra, porque la realidad política no es tanto una línea con dos extremos que serían la izquierda y la derecha, sino más bien un triángulo. Todos somos en mayor o menor grado liberales, comunitaristas y republicanos.

Guido Girardi, como Presidente del Senado, faltó a sus obligaciones republicanas al permitir que un grupo de personas sometiera a presiones físicas a un ministro de Estado, y al dar por bueno que esos vociferantes bailaran arriba de una mesa donde se discutía el Presupuesto de la nación. Más allá del hecho, están los símbolos. Tampoco estuvieron a la altura el ministro, que se escurrió, ni los parlamentarios, que pasmados o pensando en su reelección optaron por jugar al museo de cera. En un Estado republicano de derecho, los carabineros no son una fuerza de ocupación. Ellos y los militares están sometidos a reglamentos, y detentan el monopolio jurídico de la violencia.

13 oct. 2011

Diálogo con Slavoj Zizek y Peter Sloterdijk: La quiebra de la civilización occidental | Nicolas Truong

Occidente vive una crisis del porvenir: las nuevas generaciones ya no creen que vivirán mejor que las anteriores. Una crisis de sentido, de orientación y de significación. Occidente sabe más o menos de dónde viene pero le da trabajo saber adónde va. Ciertamente, como decía el poeta francés René Char, “nuestra herencia no es precedida por ningún testamento” y a cada generación le corresponde dibujar su horizonte. Nuestros tormentos, sin embargo, no son infundados. El sentido de lo común se fragmentó. Con el “cada uno en lo suyo”, el sentimiento de pertenencia a un proyecto que trascienda las individualidades se evaporó. El derrumbe del colectivismo –tanto nacionalista como comunista– y del progresismo económico dio lugar al imperio del “yo”. El sentido del “nosotros” se dispersó.

La idea de partición, de bien común y de comunidad parece volar en pedazos. Sin embargo, son muchos todavía los que no desean confiar la idea de comunidad a los comunitarismos que acosan a un planeta desgarrado. Entre ellos se cuentan Peter Sloterdijk y Slavoj Zizek, filósofos europeos, que aceptaron debatir públicamente por primera vez sobre estos temas.

9 oct. 2011

Historia conceptual: una nueva mirada al pasado | Entrevista a Javier Fernández Sebastián (Daniel Swinburn)

¿Qué es la historia conceptual? Podría definirse como una historia de las palabras claves que ayudan al historiador a construir su relato de hechos. Las palabras, al igual que las sociedades, también cambian y enfrentan transformaciones que a veces las tornan irreconocibles para una misma generación de ciudadanos en el transcurso de una vida. Los historiadores a veces tienden a dar por supuesto que conceptos claves de sus relatos tienen un significado actual similar al que tenían dos siglos atrás, lo que provoca claramente un uso anacrónico de éstos. La historia política del siglo XIX y sus cultores más modernos en Europa dieron la alarma en este sentido. No se pueden usar palabras como democracia, libertad, estado, economía, nación, progreso, propiedad, memoria, identidad y un largo etcétera, sin estudiar su profunda transformación semántica, producida especialmente entre 1750 y 1850. Este trabajo de resignificación ha dado origen a una nueva sensibilidad historiográfica que se ha traducido ya en publicaciones relevantes que en el mediano plazo debieran provocar un cambio en prácticas y métodos para mirar el pasado, especialmente en Latinoamérica.

La ilusión socialdemócrata | Immanuel Wallerstein

La socialdemocracia tuvo su apogeo entre 1945 y finales de los años ’60. Representaba, al mismo tiempo, una ideología y un movimiento que apostaban por el uso de recursos estatales para garantizar algún tipo de redistribución a la mayoría de la población a través de formas concretas: expansión de subvenciones a la educación y la salud; ingresos asegurados de por vida mediante programas para cubrir las necesidades de grupos de “trabajadores sin sueldo”, particularmente niños y ancianos; y programas para minimizar el desempleo. La socialdemocracia prometió un futuro (todavía) mejor para las futuras generaciones gracias a una especie de ascenso permanente de los niveles de ingresos nacionales y familiares. Esto es lo que ha definido al welfare state (estado de bienestar). Fue, en definitiva, una ideología que reflejó la idea de que el capitalismo podía ser “reformado” y tener un rostro más humano.

Los socialdemócratas se hicieron fuertes principalmente en Europa occidental, Gran Bretaña, Australia y Nueva Zelanda, pero también en Canadá y Estados Unidos (donde fueron conocidos como los demócratas del New Deal). Es decir, en los países ricos del sistema-mundo, aquellos que constituyeron lo que podría ser llamado el mundo paneuropeo. Los socialdemócratas fueron tan exitosos que sus oponentes de centroderecha también apoyaron el concepto de estado de bienestar, tratando meramente de reducir sus costos y alcances. En el resto del mundo, los Estados trataron de subirse al carro de la victoria mediante proyectos de “desarrollo” nacional.

Torretti, Cordua | Joaquín Trujillo

La primera lectura filosófica de Roberto Torretti fue un segundo tomo de La decadencia de occidente de Spengler, que había en su casa. Tenía entonces 15 años. Antes, a los 3, había aprendido a leer por sí solo. Mientras, en el fundo de su padre ubicado en el Valle de Aconcagua, una niña, Carla Cordua, devoraba novelas de vaqueros, esas aventuras de los huasos del Lejano Oeste, y leía periódicos de punta a cabo.

Carla Cordua estudió filosofía en el antiguo Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, hasta donde llegó Torretti, quien por esos tiempos cursaba tercer año de Derecho en la misma casa de estudios. Juan Gómez Millas había rescatado a Erwin Rüsch de los cerros de Valparaíso donde estaba cercado por una colonia alemana hostil y al profesor polaco Bogumil Jasinowski, sabios europeos que se quedaron a enseñar en Chile y a través de quienes Torretti y Cordua  pudieron ponerse en contacto con la alta cultura europea viva. Estos casos en la historia de Chile no han sido pocos, tampoco abundantes. Ocurrió, por ejemplo, a mediados del siglo XIX con Louis Antoine Vendel-Heyl -cercano a Saint-Simon-, quien habiendo naufragado en las costas de Chile, fue arrastrado a Santiago, por el informado Andrés Bello, lugar donde unos alumnos miserables del Instituto Nacional, los hermanos Amunátegui, pudieron nutrirse de sus conocimientos grecolatinos hasta el hartazgo.

14 sept. 2011

Sarmiento regresa | Natalio Botana


El 23 de noviembre de 1850, D. F. Sarmiento (firma de este modo, con dos iniciales) le escribe a Félix Frías, residente en Francia desde 1848, una carta en la cual se queja de que los libros que le ha enviado a Europa –una lista que cierra Argirópolis– se han perdido. “Este último –añade– es una solución a la cuestión del Plata, la única, noble, creadora, grande, duradera”. Luego de esta cascada de autoelogios le solicita ayuda:  “Vea V. el Argyropolis y apóyelo. Está en él señalado un norte, a donde esos estados del Plata han de converger so pena de morir en esfuerzos y divagaciones inútiles”.

Mientras en esta misiva Sarmiento caracteriza a Charles de Montalembert (el líder católico admirado por Frías, integrante de la Asamblea en la Segunda República francesa) como “un tonto osado”, no pierde de paso la oportunidad para sepultar el destino del general unitario José María Paz: “El General Paz es un hombre que ha terminado moralmente su carrera y los hombres nuevos que se han levantado en la opinión son demasiado robustos para tomarlo de muleta para mantenerse en el poder”.

12 sept. 2011

Chile a la sombra de las espadas | Jacques Grignon-Dumoulin


Continuando con la publicación de Chile: los albores de la UP y la dictadura militar, dejamos a disposición del público los videos de Le Chili à l'ombre des épées, reportaje dirigido por Jacques Grignon-Dumoulin que fue encontrado por Matías Wolff entre los archivos de l'Institut National de l'Audiovisuel. 

Esta vez, el material audiovisual se concentra en los días inmediatamente posteriores al golpe de estado del 11 de septiembre de 1973, en plena celebración de unas mudas fiestas patrias. Se trata de imágenes que rescatan el testimonio de personajes mundanos -desde el poblador de los cordones periféricos de la ciudad de Santiago hasta el burgués de la acomodada comuna de Providencia- sobre el reciente golpe de estado. Viéndolos en retrospectiva, a sabiendas de los 17 años de dictadura que faltaban por sufrir, llama la atención la credulidad de estos testimonios; y es que todos, atónitos o desesperanzados, regocijados o furiosos, traslucen la sensación de estar en un acontecimiento transitorio y momentáneo, como si estuviesen viviendo un sueño o pesadilla que pronto va a acabar.

Cuba: tiempos de cambio | Documental de Rodrigo Vásquez & Al Jazeera


Cuba: The times are changing es un documental de reciente aparición producido por la cadena catarí Al Jazeera y dirigido por el argentino Rodrigo Vásquez. En 24 minutos de duración, las imágenes registran el impacto que ha tenido en la isla la liberalización económica impulsada por el Partido Comunista desde comienzos de 2011. La reforma ha consistido en traspasar al sector privado parte de los trabajos solventados por el aparato estatal: 500 mil trabajadores fiscales fueron despedidos mientras se otorgaron un millón de licencias para que la ciudadanía estableciera negocios particulares. Todo un país que hasta ayer vivió al amparo del Estado ha sido llamado a competir económicamente con sus compatriotas, generando una verdadera revolución de las mentalidades. Se trata, sin duda, de la mayor reforma en 52 años de Revolución.

¿Cómo se enfrentan los cubanos a este desafío? ¿Impulsarán estas reformas una liberalización política? ¿Qué rol están cumpliendo los medios informativos? ¿Es el comienzo del fin del comunismo cubano, o es el inicio de un capitalismo estatal dirigido, como ocurre en China? Estas son algunas de las preguntas que intenta dilucidar este film de espléndida manufactura.

11 sept. 2011

El 11-S parecerá un desvío en la historia | Timothy Garton Ash

Entre las numerosas teorías de la conspiración que circulan a propósito del 11-S, una que aún no he visto es que Osama bin Laden era un agente chino. Sin embargo, camaradas (como solían decir los comunistas), se puede decir objetivamente que China ha sido el mayor beneficiario de los 10 años de reacción de Estados Unidos tras las puñaladas islamistas recibidas en su corazón.

En otras palabras: cuando se escriban artículos sobre el aniversario el 11 de septiembre de 2031, ¿hablarán los comentaristas de una guerra de 30 años contra el terrorismo islamista, comparable a la guerra fría, y la considerarán el rasgo fundamental de la política mundial desde 2001? Creo que no. Lo más probable es que digan que lo que define este periodo en su conjunto es el histórico traspaso de poder de Occidente a Oriente, con una China mucho más poderosa, un Estados Unidos menos poderoso, una India más fuerte y una Unión Europea más débil.

Como señala el historiador de Stanford Ian Morris en su interesantísimo libro Why the West rules-for now, este cambio geopolítico se producirá en el contexto de unos avances tecnológicos de una rapidez sin precedentes, por el lado positivo, y una cantidad de retos mundiales también sin precedentes, por el negativo.

Por supuesto, estas no son más que conjeturas basadas en el conocimiento de la Historia. Pero, si la situación avanza más o menos en ese sentido (o en cualquier otra dirección que no tenga que ver con el islam), la década posterior al 11-S en la política exterior estadounidense parecerá un desvío; un desvío muy amplio y lleno de consecuencias, sin duda, pero no la carretera principal. Es más, si la primavera árabe concreta sus promesas modernizadoras, los atentados terroristas en Nueva York, Madrid y Londres serán auténticos restos del pasado: un final y no un principio. Aunque la primavera árabe se convierta en un invierno islamista, y la vecina Europa se vea amenazada, eso no significa que la lucha contra el islamismo autoritario y violento vaya a ser el rasgo fundamental de las próximas décadas. El islamismo violento seguirá siendo un peligro importante, pero, en mi opinión, no el más decisivo; sobre todo para Estados Unidos.

Podemos examinar esta misma idea mediante una hipótesis. En el verano de 2001, la concepción geopolítica del mundo que tenía el Gobierno de George W. Bush, si es que la tenía, consistía sobre todo en la inquietud por la posición de China como nuevo rival estratégico de Estados Unidos. ¿Qué habría ocurrido si no se hubieran producido los atentados del 11-S y Estados Unidos hubiera seguido centrando su atención en esa rivalidad? ¿Y si hubiera sabido ver que la victoria de Occidente al final de la guerra fría y la consiguiente globalización del capitalismo habían desatado en Oriente unas fuerzas económicas que iban a convertirse en su mayor desafío a largo plazo? ¿Y si Washington hubiera llegado a la conclusión de que esa rivalidad exigía, en vez de más poderío militar, inversiones más abundantes e inteligentes en educación, innovación, energía y medio ambiente, además del pleno despliegue del poder blando de Estados Unidos? ¿Y si hubiera comprendido que, ante el renacimiento de Asia, era preciso reequilibrar la relación entre consumo, inversión y ahorro en Estados Unidos? ¿Y si su sistema político y sus dirigentes hubieran sido capaces de actuar basándose en esas conclusiones?

Aun así, China e India estarían en ascenso. Aun así, habría un traspaso de poder de Occidente a Oriente. Aun así, nos enfrentaríamos al calentamiento global, la escasez de agua, las pandemias y todos los demás jinetes del apocalipsis de la era moderna. Pero cuánto mejor preparado estaría Occidente, y en especial Estados Unidos.

Fin de la hipótesis. Se produjeron los atentados; Estados Unidos tenía que responder. Un Gobierno que, hasta entonces, había buscado algo que diera sentido a su mandato lo encontró con creces. Diez años después podemos decir que la amenaza de Al Qaeda ha disminuido enormemente; no ha desaparecido, porque eso nunca ocurre con el terrorismo, pero sí disminuido. Y esa es una victoria; pero a qué precio.

Estados Unidos libró dos guerras, una por necesidad, en Afganistán, y otra por elección, en Irak. La de Afganistán podría haber acabado antes, con menos costes y mejores resultados, si el Gobierno de Bush no se hubiera lanzado a invadir Irak. Estados Unidos ha dañado su propia reputación y ha debilitado su poder blando (la capacidad de atracción) con horrores como los de Abu Ghraib. Mientras tanto, y en parte como consecuencia de lo sucedido durante esta década, Pakistán, un país nuclearizado, es un peligro mayor que hace 10 años. En el mundo musulmán en general, incluidas las comunidades musulmanas de Europa, existen tendencias contradictorias. Podemos ver muestras de modernización y liberalización, tanto en la primavera árabe como entre los musulmanes europeos, pero también -es el caso de Pakistán y Yemen- de mayor radicalización islamista.

Un gran proyecto de investigación llevado a cabo por la Universidad de Brown sobre los costes de la guerra establece que, durante estos 10 años, "han ido a la guerra más de 2,2 millones de estadounidenses y han regresado más de un millón de veteranos". Calcula que el coste económico total que han tenido hasta ahora las guerras en Afganistán, Irak, Pakistán y otros escenarios de actuación antiterrorista asciende a una cantidad entre 3,2 billones y 4 billones de dólares. Según sus previsiones de actividad probable hasta 2020, esa suma podría ser de hasta 4,4 billones de dólares. Los expertos pueden no estar de acuerdo sobre las cifras, pero no hay duda de que son gigantescas. Redondeando, representan aproximadamente la cuarta parte de la enorme deuda nacional de Estados Unidos, que a su vez está empezando a acercarse al 100% del PIB.

Pero eso no incluye, en absoluto, lo que los economistas llaman los costes alternativos o de oportunidad. No se trata solo de todo lo que Estados Unidos habría podido invertir en recursos humanos, puestos de trabajo cualificados, infraestructuras e innovación con 4 billones de dólares, o incluso con la mitad de esa cantidad, si se supone -con generosidad- que había 2 billones que eran realmente necesarios para dedicar medios militares, de seguridad y de inteligencia a reducir la amenaza terrorista contra Estados Unidos.

Se trata, sobre todo, de los costes de oportunidad en atención, energía e imaginación. Para entender un país, conviene preguntarse quiénes son sus héroes. En esta década, Estados Unidos ha tenido dos tipos de héroes. Uno, el de los empresarios e innovadores. Steve Jobs, Bill Gates. Otro, el de los guerreros: el Marine, el SEAL de la Armada, el bombero, todos "nuestros hombres y mujeres de uniforme". El otro día, en CNN (no Fox News) oí a la presentadora hablar de "nuestros guerreros", como si fuera un apelativo neutral y propio del oficio. Y al oír alguna de las historias de valor individual de esos estadounidenses de uniforme, siempre me siento asombrado, inspirado y empequeñecido. Eso tiene que quedar claro en este aniversario. Pero no puedo evitar preguntarme a qué puestos de trabajo van a volver estos valientes. ¿A qué hogares, qué vidas, qué escuelas para sus hijos? Los sondeos de opinión indican que eso es lo que se preguntan también muchos estadounidenses. Sus prioridades están otra vez dentro de sus fronteras.

Lo que dijo el presidente Obama el jueves en su discurso extraordinario ante el Congreso sobre la creación de empleo es más importante para ellos que las palabras que pueda pronunciar, por elocuentes que sean, cuando hable en la catedral Nacional de Washington -con las huellas del reciente terremoto- el domingo, para conmemorar el aniversario del 11 de septiembre. Los guerreros merecen todos los honores, pero los héroes que Estados Unidos necesita hoy son los que sean capaces de crear puestos de trabajo.

7 sept. 2011

Chile: los albores de la Unidad Popular y la dictadura militar en imágenes de la televisión francesa


A continuación presentamos dos reportajes con imágenes registradas en Chile por la cadena de televisión L’Office de Radiodiffusion Télévision Française (ORTF) entre los años 1971 y 1973.

La primera parte, titulada "Chili: six mois d'unité populaire", muestra imágenes filmadas en mayo de 1971 que dan cuenta del fervor de los primeros seis meses de la Unidad Popular. El equipo de la cadena francesa, encabezado por Jean Bertolino, recorre Chile registrando las expectativas y contradicciones del proceso revolucionario iniciado por el gobierno de Salvador Allende y en general las de un país que ignora su avance hacia el abismo.

La segunda parte, titulada "Spécial Chili", registra las semanas posteriores al golpe de Estado ocurrido el 11 de septiembre de 1973. El mismo equipo televisivo francés ahora se desplaza por las calles de un Santiago de Chile sitiado, ocupado y vigilado.

A cuarenta años de distancia, el conjunto de estas inéditas imágenes —encontradas por Matías Wolff en archivos audiovisuales franceses— puede leerse como el relato de un Chile fantástico y terrible, en el cual la “revolución a la chilena” a ratos se parece demasiado al sueño de un niño y la dictadura militar, por su parte, a la más brutal de las pesadillas.

1 sept. 2011

Más allá del conflicto educacional: Malestar social y crisis de representatividad política en Chile | Nicolás Ocaranza

Mucha tinta ha corrido para analizar la crisis del sistema político, la deslegitimación de los partidos y la escalada de movilizaciones sociales que reclaman el fin del lucro en las instituciones escolares y universitarias, así como mejores mecanismos de regulación de la educación pública. 

Entre las propuestas lanzadas al vuelo por politólogos y sociólogos, varias de ellas más intuitivas que científicas y reflexivas, destaca una idea fuerza que, confrontada con algunos datos empíricos, no resiste ningún análisis. La idea defendida por el sociólogo Eugenio Tironi y el investigador de mercado Roberto Méndez, a propósito de un artículo aparecido en The Economist, apunta a que Chile habría alcanzado un determinado umbral de modernidad gracias al aumento de los ingresos per cápita, lo que habría convertido a sus ciudadanos en individuos más exigentes y empoderados, así como en activos fiscalizadores de las actividades del gobierno y de los otros poderes del Estado.

Frente a esa “intuición” hay otra lectura que permite analizar el problema desde la anormalidad del sistema político chileno y su relación con algunos factores socio-económicos que inciden directamente en la perpetuación de las desigualdades sociales.

El determinante central de este nuevo ciclo de movilizaciones es la llegada de la derecha al poder y las oportunidades políticas que ofrece un gobierno poco receptivo a la voluntad popular y al diálogo con las fuerzas opositoras. El cambio de alineaciones políticas, la división de las elites, la difusión de las causas en las redes sociales, la acción colectiva y los nuevos marcos culturales que resuenan en la población chilena serían los factores que inciden en el clima de indignación y de permanente movilización (1). El escenario político post Concertación abrió un camino favorable a las movilizaciones que hizo posible la conexión de unidades contestatarias que antes estaban desconectadas (profesores, estudiantes, ecologistas, opositores a la derecha, defensores de una asamblea constituyente) y que las protestas alcanzaran un cierto grado de empatía o reconocimiento ciudadano, legitimándose ante una opinión pública que antes se mostraba escasamente receptiva de ellas. 


Contrapunto argentino | Alfredo Jocelyn-Holt

Estoy en Buenos Aires. Paseo y recorro a pie lo típico: el centro con sus teatros y librerías, el Barrio Norte, la Recoleta, Retiro, Palermo. La situación económica está mejor. Eso dicen, aunque cuesta medirlo entre tanta afluencia fenicia. Las tiendas de la Recoleta no tienen nada que envidiarles a las más conspicuas de Roma. Las señoras de visón paseando a sus yorkshire-terriers, frente al Hotel Plaza, podrían estar en el del Central Park de Nueva York; los señores de loden son idénticos a los del barrio Salamanca de Madrid (sí deben hasta pensar y rezar parecido).

Lo propiamente criollo es el contraste. El que, en estos mismos barrios cosmopolitas y lujosos, por la noche, cartoneros escarben la basura para  comer, o que indigentes se cobijen pegados a las vitrinas para entibiarse. Entiendo que sigue habiendo 14 millones de pobres en Argentina, y el país sin elecciones (le basta con primarias) es irrefrenablemente peronista. Izquierdoso-populista, mejor dicho, pero -para un chileno actual- una Argentina algo rara, sorprendentemente indulgente con estas inequidades. Diez años atrás, en pleno "corralito", Buenos Aires ardía con piqueteros, cacerolazos y saqueos, encapuchados y soldadesca, a caballadas y a pedradas por Corrientes, el Obelisco y la 9 de Julio.

Cormac McCarthy en un conflicto entre el nihilismo y la fe | Pablo Moscoso

El tipo es extrañamente solitario. Vive en algún lugar en medio del desierto de Nuevo México y no da entrevistas. Hasta hace poco sus fotos eran escasas, todas de otra época. Años 60 quizás. Candidato al Nobel de Literatura, Cormac McCarthy ha establecido una relación fecunda con el cine. Tres de sus libros han visto la pantalla grande -dos de ellos, No es país para viejos y La carretera, con gran éxito- y ahora su segunda obra de teatro, The Sunset Limited (2011), es llevada al cine bajo la dirección de Tommy Lee Jones, con el guión del propio escritor.

En sus novelas habla de desolación, de paisajes vacíos y personajes decadentes; de tipos rudos que parecieran estar más allá del bien y del mal. Siempre reserva, en estos páramos de polvos y nadas, una cierta grandeza a sus protagonistas, una solvencia moral que contrasta con los lugares que habitan. Sin embargo, en The Sunset Limited estos parámetros parecen diluirse. La amplitud de los paisajes de la adaptación de los hermanos Coen en No hay lugar para los débiles es reemplazada por un cuchitril ruinoso enclavado en algún lugar de Harlem, en la calle 155 con la Octava Avenida. 

21 ago. 2011

¿Ignorancia o mala fe? | Alfredo Jocelyn-Holt

¿Qué sucedería si se llegara a probar que buena parte de lo que se ha estado discutiendo y exigiendo en los medios, patios de escuelas, universidades y en las calles, ya está reconocido en el ordenamiento institucional que nos rige? ¿Tendría sentido seguir protestando y con, además, estos niveles de bulla? Eso por un lado. Por el otro, ¿serviría insistir, con igual intransigencia, que no hay que dar el brazo a torcer? Por lo visto, quienes chillan algo logran. A su vez, quienes se emperran en lo de siempre, algo conservan. El lío es que con lógicas de ese tipo persistiremos en una guerra de desgaste y trinchera para rato.

De ahí que, como pocas veces antes, este sea el momento de los abogados. El "qué dice la ley" o bien, el "hagámosla cumplir". En cuyo caso, lo del lucro en la educación universitaria debiera ser cuestión zanjada. Porque lo inaudito no es que las universidades no puedan perseguir fines de lucro, sino que dicha regla, consagrada legalmente, se esquiva, atropella y no se honra. Ese el problema.